lunes, 13 de junio de 2016



Coplas al agua

Agüita de río manso, fresca y clarita, 
libre como venís;
no han de acorralarte mis manos.
siempre andarás en mí, siempre andarás.

Agüita de niebla densa, tapa el camino 
y no se puede seguir.
sólo queda verse a uno mismo,
siempre andarás en mí, siempre andarás.

Agüita que hay en mis ojos, lago profundo
que no quiere salir
y que rebalsás de nostalgia,
siempre andarás en mí, siempre andarás.

Agüita que hay en el cielo, que con los vientos
te has alejado de aquí
queda tu regalo en mi suelo,
siempre andarás en mí, siempre andarás.

Juan Quintero



domingo, 5 de junio de 2016


Como la momia de una niña de Paracas

Un sauce
se levanta en los fondos de la casa.
Los años van pudriéndole la base
y muestra un hueco
donde se deshace la madera
volviéndose hongos, hilachas.
Podría entrar allí y encogerme
para dormir
como la momia de una niña de Paracas.
Solito
se muere el árbol. Navegando
el insondable viaje de la tierra.

Diana Bellessi


...Empezó a cantar una canción. Rendida de
amor, y de terror, supe que su voz creaba
la mitad secreta del mundo...

Diana Bellessi






Todo vuelve otra vez

Todo vuelve otra vez
todo inicia en la luz
su juego claro

Ojos cayendo sobre el río
un ombú solitario
el recuerdo
desgarrando la palabra

Parte de esta savia soy
de esta desazón soy parte

Dylan Thomas
auxíliame por Dios

Dylan
maestro de alcoholes
y de fuegos
estoy perdido
no encuentro ahora
en esta tarde de domingo
más que un cielo de cine
una caída triste
un desierto constante

Dylan
auxíliame por Dios
El mundo no es para mí

Álamos
agudos álamos
¿Me moriré quizá
en un domingo tan viudo
como éste?

Hugo Gola




(...)

...¿Ves esa niebla que anda como desprendiéndose del río, la ves ahora, casi rodando el suelo, acariciante y huidiza sobre los pajonales secos, amarilleado por la escarcha de un otoño desmedido? Son nubes, nubes que han bajado, cansadas de tanto movimiento puro, sin apoyo, deseosas de sentir la solidez tozuda de la tierra, su beso opaco...

(...)

Y llegó
el silencio de la tarde
azul
morado
rojo

Vino hacia el río
hacia la quieta
y oscura
majestad del agua
vino hasta los árboles
hasta el puente
cayó sobre los barcos
se tendió en las islas
se difundió en el aire
pesada ahora
casi violeta
sin humo
sin una nube

Un barco cruzó
rezando el agua

Luego
el silencio de la tarde
entró en mi corazón
desolado.

Hugo Gola


El verdadero descanso 

Sí, estamos todos cansados, y nos olvidamos demasiado del oro del
otoño. Acaso la revolución consista en lo que el hombre por siglos ha
estado postergando: la necesidad del verdadero descanso, el que permite
ver cómo crecen, día a día, las florcitas salvajes… El hombre necesita
mirar las flores y mirar el cielo…

Juan L. Ortiz




EL PAISAJE Y EL HOMBRE


Todo sube en la quietud levemente azulada

de esta infinita mujer de tala y sauce,

esta mujer de aquí,

asomada al cielo caído en el río

como un flor de luz.

La vida tenue se escapa,

casi transparente, por las chimeneas de las casitas, loma arriba.

¿Qué será esto inclinado al paisaje

mirador de lo verde y lo lejano?


Son tan tiernos el pájaro y la nube

que en un momento parecen escucharse y comprenderse,

y la vaca, como un árbol más del campo,

apenas vuelve sus ojos, comprendiendo.


Pienso en el hombre que tiene su raíz en esta tierra,

que alimenta su mirada hacia las lomas rojizas

y así, con sus pies nacidos en lo hondo de la hierba,

ha tenido que ponerle ruedas a su rancho.

Mientras, el campo sigue bajando hacia el atardecer

y la brisa pasa como blando cuchillo,

cortándoles el olor a los retoños.

En cada hoja ondea un oculto deseo

de abrazar la tierra y morir

para nacer nuevo

y seguir siendo joven, húmeda y brillante.


¡No, no! No tiene dueños la tierra verdadera:

el chisperío rojo del seibo ¿para quién florece?

O su hermano gemelo el cardenal

¿quién le ordena su canto?...


El río sigue llevando la tarde

y desata poco a poco su cinta roja

entre los juncos amorosos.


Juan José Manauta