Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Padeletti. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Padeletti. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de septiembre de 2018


El ojo 

El ojo tiembla,

sabe del rastrojo
donde aguarda, viviente, la semilla
y sabe de la orilla

del mar, que maravillas
lejanas avecina.
Conoce

la levedad del aire
que solaza,
y la traza severa del acero

que arrasa. Entre las ramas una rama
brilla -azulinoamarilla-
que promete esplendor.

No consumada,
bajo la tierra aguarda en grano una granada
que aspira al sol.

¡Cuánta peripecia ignorada,
joyante o soterrada
irrumpe de la espuma

del instante!

Hugo Padeletti


domingo, 17 de junio de 2018


Misión

Hay sedimentos de sequía
en el fondo del cauce.

En el pasto su propio secar
y brotar. Reposo,
novilunio.

Me llego hasta las ramas abiertas
porque tiemblo y vacilo.
Las ramas tienen su actitud cada una.

Los álamos obstinan
la misión de lo magro.

Goza en los trigos
el barbecho
su maternidad sombría.

Sube y me reconforta
–proyección de la savia–
algo que viene de antes de la tierra

y vuelvo de los campos
tenso
de gestaciones.

Reverdezco así tras de la entrega,
de la higuera repito el milagro
y, diciendo,
me cumplo.

Hugo Padeletti

Un pájaro se puede detener
en la punta de un árbol y abarcar
la inmensidad del cielo. Yo también,
sentado frente al muro,

me detengo en la punta
del álamo y contemplo
la inmensidad. La surcan pensamientos

involuntarios. ¡Cuántas nubes
fugaces, cuántas aves,
sucesivas!

Y las dejo pasar... y son tragadas
por este espacio inmenso
que soy yo:

sereno, transparente, luminoso
¿quién soy
Yo?

Hugo Padeletti


miércoles, 3 de junio de 2015


NO HACEN FALTA DISCURSOS:

las palabras
aisladas
son acopio. Plegadas,
desafían
la atención. Cuando digo
'la hebra'
el mundo se devana.

Las palabras-semilla desarrollan
raíces, se despliegan
en árbol y florecen
de pie.
Vale la pena
contemplarlas.

Hay otras,
como gotas, que se alargan
en hilo, se convierten
en río y se confunden
con el mar.
Eran dulces
y son amargas.

Las que forman
cristales
te incluyen.
Lo que entra
ya no puede salir.

No queda nada
fuera.

Las herméticas
incuban lo que sientes.
No confirman
ni desmienten:
que sea
lo que es.

Las palabras se unen
de a dos, de a tres,
y forman las guirnaldas
del tiempo.
Cuando acaban,
el tiempo se repliega
de nuevo.

¿Cuántas veces
atestiguan en contra?
No diríamos
'diversión', 'pasatiempo',
ni en otro orden 'éxtasis', 'transporte',
si no fuera deseable
perderse:
cuando pienso
'nirvana',
palabras y palabras y palabras
se anulan,
se desdicen,
y se abren

las trampas.
Este buda

te saluda.


Hugo Padeletti, en El andariego

martes, 19 de mayo de 2015


El poema

El poema

Detrás de aquella nube

hay un poema que me acecha.

No escucho ni el rugido

del león, ni el zumbido cifrado de la abeja,

ni el acorde solar del ruiseñor,

ni la cruel seducción de la sirena,

pero es mi oficio.

Sin la bolsa que cuelga en mi espalda

con la herencia de todos esos pájaros

que se han posado y han partido,

no podría nacer.

Yo le daré

el fuego de la rosa y la ceniza

de su llama,

le daré el oro cálido del sol, la plata fría

de la luna; le daré el asimiento

de la hiedra, la rotunda

cadencia de la ola en la piedra.

Le ofrendaré la atenta ceremonia

del mirasol,

vuelto hacia él mi corazón todo el día,

y acogeré las gotas de sangre que trasude

en valvas vivas.

Me alzaré sobre mí para alcanzarlo,

o me hincaré para invocarlo

o me abriré para parirlo.

(Si él no nace,

¿yo me muero?)

Le daré la voz del buhonero

para que venda su belleza en la plaza.

si tan sólo quiere bajar,

si tan sólo quiere probar,

si tan sólo quiere encarnar.

 Hugo Padelletti