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martes, 19 de abril de 2016


Me peina el viento los cabellos 
como una mano maternal; 
abro las puertas del recuerdo 
y el pensamiento se me va; 
son otras voces las que llevo 

es de otros labios mi cantar; 
hasta mi gruta del recuerdo 
tiene una extraña claridad.


Frutos de tierras extranjeras 
olas azules de otro mar, 
amores de otras gentes, 
penas que no me atrevo a recordar 
y el viento, 
el viento que me peina 
como una mano maternal.

Mi verdad se pierde en la noche, 
no tengo noche ni verdad, 
tendido en medio del camino, 
deben pisarme para andar.

Pasan por mí sus corazones, 
ebrios de vino y de soñar, 
yo soy un puente inmóvil 
entre tu corazón y la eternidad.

Si me muriera de repente, 
no dejaría de cantar, 
y el viento, 
el viento que me peina 
como una mano maternal.

Pablo Neruda

jueves, 19 de noviembre de 2015

MARIPOSA DE OTOÑO

LA mariposa volotea
y arde —con el sol— a veces.

Mancha volante y llamarada, 
ahora se queda parada 
sobre una hoja que la mece.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Yo tampoco decía nada.
Y pasó el tiempo de las mieses.

Hoy una mano de congoja
llena de otoño el horizonte.
Y hasta de mi alma caen hojas.

Me decían: —No tienes nada.
No estás enfermo. Te parece.

Era la hora de las espigas. 
El sol, ahora, 
convalece.

Todo se va en la vida, amigos.
Se va o perece.

Se va la mano que te induce. 
Se va o perece.

Se va la rosa que desates.
También la boca que te bese.

El agua, la sombra y el vaso.
Se va o perece.

Pasó la hora de las espigas.
El sol, ahora, convalece.

Su lengua tibia me rodea.
También me dice: —Te parece.

La mariposa volotea,
revolotea,
y desaparece.

Pablo Neruda

martes, 10 de noviembre de 2015


Soneto XXXIV 

Eres hija del mar y prima del orégano, 
nadadora, tu cuerpo es de agua pura, 
cocinera, tu sangre es tierra viva 
y tus costumbres son floridas y terrestres. 
Al agua van tus ojos y levantan las olas, 
a la tierra tus manos y saltan las semillas, 
en agua y tierra tienes propiedades profundas 
que en ti se juntan como las leyes de la greda. 
Náyade, corta tu cuerpo la turquesa 
y luego resurrecto florece en la cocina 
de tal modo que asumes cuanto existe 
y al fin duermes rodeada por mis brazos que apartan 
de la sormbra sombría, para que tú descanses, 
legumbres, algas, hierbas: la espuma de tus sueños.

Pablo Neruda

martes, 1 de septiembre de 2015


ODA A LAS ALAS DE SEPTIEMBRE

He visto entrar a todos los tejados
las tijeras del cielo:
van y vienen y cortan transparencia:
nadie se quedará sin golondrinas.
Aquí era todo
ropa, el aire espeso
como frazada y un vapor del sal
nos empapó el otoño
y nos acurrucó contra la leña.
En la costa del Valparaíso,
hacía el sur de la Planta Ballenera:
allí todo el invierno se sostuvo
intransferible con su cielo amargo.
Hasta que hoy al salir
volaba el vuelo,
no paré mientes al principio, anduve
aún entumido, con dolor de frío,
y allí estaba volando,
allí volvía
la primavera a repartir el cielo.
Golondrinas de agosto y de la costa,
tajantes, disparadas
en el primer azul,
saetas de aroma:
de pronto respiré la acrobacias
y comprendí que aquello
era la luz que volvía a la tierra,
las proezas del polen en el vuelo,
y la velocidad volvía a mi sangre.
Volví a ser piedra de la primavera.
Buenos días, señores golondrinas
o señoritas o alas o tijeras,
buenos días al vuelo del cielo
que volvió a mi tejado:
he comprendido al fin
que las primeras flores
son plumas de septiembre.

Pablo Neruda

jueves, 13 de agosto de 2015

XIX

AMÉRICA INSURRECTA 
(1800)

NUESTRA tierra, ancha tierra, soledades, 
se pobló de rumores, brazos, bocas.
Una callada sílaba iba ardiendo,
congregando la rosa clandestina,
hasta que las praderas trepidaron 
cubiertas de metales y galopes.

Fue dura la verdad como un arado.

Rompió la tierra, estableció el deseo, 
hundió sus propagandas germinales
y nació en la secreta primavera. 
Fue callada su flor, fue rechazada 
su reunión de luz, fue combatida
la levadura colectiva, el beso
de las banderas escondidas,
pero surgió rompiendo las paredes,
apartando las cárceles del suelo.

El pueblo oscuro fue su copa, 
recibió la substancia rechazada, 
la propagó en los límites marítimos,
la machacó en morteros indomables. 
Y salió con las páginas golpeadas
y con la primavera en el camino. 
Hora de ayer, hora de mediodía, 
hora de hoy otra vez, hora esperada
entre el minuto muerto y el que nace, 
en la erizada edad de la mentira.

Patria, naciste de los leñadores, 
de hijos sin bautizar, de carpinteros,
de los que dieron como un ave extraña 
una gota de sangre voladora, 
y hoy nacerás de nuevo duramente 
desde donde el traidor y el carcelero 
te creen para siempre sumergida.

Hoy nacerás del pueblo como entonces.

Hoy saldrás del carbón y del rocío.
Hoy llegarás a sacudir las puertas 
con manos maltratadas,con pedazos 
de alma sobreviviente, con racimos
de miradas que no extinguió la muerte,
con herramientas hurañas
armadas bajo los harapos.

Pablo Neruda

martes, 21 de julio de 2015


Meditación sobre Sierra Maestra

Quiero hablar con las últimas estrellas
ahora,elevado en este monte humano,
solo estoy con la noche compañera
y un corazón gastado por los años:
Llegué de lejos a estas soledades,
tengo derecho al sueño soberano,
a descansar con los ojos abiertos
entre los ojos de los fatigados,
y mientras duerme el hombre con su tribu,
cuando todos los ojos se cerraron,
los pueblos sumergidos de la noche,
el cielo de rosales estrellados,
dejo que el tiempo corra por mi cara
como aire oscuro o corazón mojado
y veo lo que viene y lo que nace,
los dolores que fueron derrotados,
las pobres esperanzas de mi pueblo:
los niños en la escuela con zapatos,
el pan y la justicia repartiéndose 
como el sol se reparte en el verano.
Veo la sencillez desarrollada,
la pureza del hombre con su arado
y entre la agricultura voy y vuelvo
sin encontrar inmensos hacendados.
Es tan fácil la luz y no se hallaba:
el amor parecía tan lejano:
estuvo siempre cerca de la razón:
nosotros éramos los extraviados
y ya creíamos en un mundo triste
lleno de emperadores y soldados
cuando se vio de pronto que se fueron
para siempre los crueles y los malos
y todo el mundo se quedó tranquilo
en su casa,en la calle,trabajando.
Y ahora ya se sabe que no es bueno
que esté la tierra en unas pocas manos,
que no hay necesidad de andar corriendo
entre gobernadores y juzgados.
Qué sencilla es la paz y qué difícil
embestirse con piedras y con palos
todos los días y todas las noches
como si ya no fuéramos cristianos.
Alta es la noche y pura como piedra
y con su frío toca mi costado
como diciéndome que duerma pronto,
que ya están mis trabajos terminados.
Pero tengo que hablar con las estrellas,
hablar en un idioma oscuro y claro
y con la noche misma conversar
con sencillez como hermana y hermano.
Me envuelve con fragancia poderosa
y me toca la noche con sus manos:
me doy cuenta que soy aquel nocturno
que dejé atrás en el tiempo lejano
cuando la primavera estudiantil
palpitaba en mi traje provinciano.
Todo el amor de aquel tiempo perdido
el dolor de un aroma arrebatado,
el color de una calle con cenizas,
y el cielo inextinguible de unas manos!
Y luego aquellos clima devorantes
donde mi corazón fue devorado,
los navíos que huían sin destino,
los países oscuros o delgados,
aquella fiebre que tuve en Birmania
y aquel amor que fue crucificado.
Soy sólo un hombre y llevo mis castigos
como cualquier mortal apesarado
de amar,amar,amar sin que lo amaran
y de no amar habiendo sido amado.
Y surgen las cenizas de una noche,
cerca del mar,en un río sagrado,
y un cadáver oscuro de mujer
ardiendo en un brasero abandonado:
el Irrawadhy desde la espesura
mueve sus aguas y su luz de escualo.
Los pescadores de Ceylán que alzaban
conmigo todo el mar y sus pescados
y las redes chorreando milagrosos
peces de terciopelo colorado
mientras los elefantes esperaban
a que les diera un fruto con mis manos.
Ay cuánto tiempo es el que en mis mejillas
se acumuló como un reloj opaco
que acarrea en su frágil movimiento
un hilo interminablemente largo
que comienza con un niño que llora
y acaba en un viajero con un saco!
Después llegó la guerra y sus dolores
y me tocan los ojos y me buscan
en la noche los muertos españoles,
los busco y no me ven y sin embargo
veo sus apagados resplandores:
Don Antonio morir sin esperanza,
Miguel Hernández muerto en sus prisiones
y el pobre Federico asesinado
por los medioevales malhechores,
por la caterva infiel de los Paneros:
los asesinos de los ruiseñores.
Ay tanta y tanta sombra y tanta sangre
me llaman esta noche por mi nombre:
ahora me tocan con alas heladas
y me señalan su martirio enorme:
nadie los ha vengado,y me lo piden.
Y sólo mi ternura los conoce.
Ay cuánta noche cabe en una noche
sin desbordar esta celeste copa,
suena el silencio de las lejanías
como una inaccesible caracola
y caen en mis manos las estrellas
llenas aún de música y de sombra.
En este espacio el tumultuoso peso
de mi vida no vence ni solloza
y despido al dolor que me visita
como si despidiera a una paloma:
si hay cuentas que sacar hay que sacarlas
con lo que va a venir y que se asoma,
con la felicidad de todo el mundo
y no con lo que el tiempo desmorona.
Y aquí en el cielo de Sierra Maestra
yo sólo alcanzo a saludar la aurora
porque se me hizo tarde en mis quehaceres,
se me pasó la vida en tantas cosas,
que dejo mis trabajos a otras manos
y mi canción la cantará otra boca.
Porque así se encadena la jornada
y floreciendo seguirá la rosa.
No se detiene el hombre en su camino:
otro toma las armas misteriosas:
no tiene fin la primavera humana,
del invierno salió la mariposa
y era mucho más frágil que una flor
por eso su belleza no reposa
y se mueven sus alas de color
con una matemática radiosa.
Y un hombre construyó solo una puerta
y no sacó del mar sino una gota
hasta que de una vida a otra vida
levantaremos la ciudad dichosa
con los brazos de los que ya no viven
y con la manos que no han nacido ahora.
Es esa la unidad que alcanzaremos:
la luz organizada por la sombra,
por la continuidad de los deseos
y el tiempo que camina por las horas
hasta que ya todos estén contentos.
Y así comienza una vez más la Historia.
Y así pues,en lo alto de estos montes,
lejos de Chile y sus cordilleras
recibo mi pasado en una copa
y la levanto por la tierra entera,
y aunque mi patria circule en mi sangre
sin que nunca se apague su carrera
en esta hora mi razón nocturna
señala en Cuba la común bandera
del hemisferio oscuro que esperaba
por fin una victoria verdadera.
La dejo en esta cumbre custodiada,
alta,ondeando sobre las praderas
indicando a los pueblos agobiados
la dignidad nacida en la pelea:
Cuba en un mástil claro que divisan
a través del espacio y las tinieblas,
es como un árbol que nació en el centro
del mar Caribe y sus antiguas penas:
su follaje se ve de todas partes
y sus semillas van bajo tierra,
elevando en la América sombría
el edificio de la primavera.

Pablo Neruda

viernes, 10 de julio de 2015


EL ASTRONAUTA

I
SI ME encontré en estas regiones reconcentradas y calcáreas,
fue por equivocaciones de padre y madre en mi planeta:
me aburrieron tanto los unos como los otros inclementes:
dejé plantados a los puros, desencadené cierta locura
y seguí haciendo regalos a los hostiles.

II 
Llegué porque me invitaron a una estrella recién abierta:
ya Leonov me había dicho que cruzaríamos colores 
de azufre inmenso y amaranto, fuego furioso de turquesa,
zonas insólitas de plata como espejos efervescentes 
y cuando ya me quedé solo sobre la calvicie del cielo 
en esta zona parecida a la extensión de Antofagasta,
a la soledad de Atacama, a las alturas de Mongolia, 
me desnudé para vivir en el calor del mundo virgen, 
del mundo viej o de una estrella que agonizaba o que nacía. 

III 
No me hacía falta la ropa sino el lenguaje, recogí
una suavísima, metálica flor, una rosa cuyo rocío 
cayó perforando el suelo como un torrente de mercurio 
y por ese cauce escuché de gruta en gruta el rocío
bajar las escalinatas de cristal dormido y gastado.
Gastado por quién? Por los sueños? Por la vida con
apellido? 
Por animales o personas, elefantes o analfabetos? 
y de pronto me sorprendí buscando otra vez con tristeza 
la identidad, la historia, el cuento éle los que dejé en la
tierra. 

IV 
Tal vez aquí en estas arrugas, bajo tostas costras esteparias,
bajo el volcánico estandarte de las cenizas celestiales 
existió o existe la envidia que me mordió por los caminos
terrestres, como un caimán de cuarenta colas podridas?
Aquí también prosperará el caníbal parasitario, 
el cínico, el frívolo dicharachista sostenido por sus 
cosméticos? 

(Cuando ya la memoria de lo que fui se borre 
con la repetición de la ola en la arena, y no recuerde nadie lo que hice o no hice
quIero que me perdonen de antemano, 
no tuve tiempo nunca de hacer o no hacer nada:
porque la vida entera me la pasé pidiendo,
para que los demás alguna vez pudieran vivir tranquilos.)

V
Pero encontré sólo los huesos del silencio carbonizado:
buscando bajé las estratas de mortífera astrología: 
iguanas muertas tal vez eran los vestigios del polvo,
edades que se trituraron y quedaba solo el fulgor 
y era toda la estrella aquella como una antigua mariposa
de ancestrales alas que apenas tocadas se desvanecían
apareciendo entonces un agujero de metal, 
una cueva en cuyo pasado brillaban las piedras del frío. 

VI 
Me perdí por las galerías del sol tal vez derribado 
o en la luna sin corazón con sus espejos carcomidos
y como en la seguridad de mi país inseguro 
aquí el miedo me manejaba los pies en el descubrimiento.

Pero no hallé cómo alabar el alabastro que corría 
derretido, por las gargantas de piedra pómez astringente,
y cómo, con quién hablar del tesoro negro que huía
con el río del azabache por las calles cicatrizadas?

VII
Poco a poco el silencio me hizo un Robinson asustadizo 
sin ropa .pero sin hambre, sin sed porque por los poros
a luz mineral nutría y humedecía, pero poco
a poco el planeta me descolgó de mi lengua, 
y erre sm IdIoma, oscuro, por las arenas del silencio.

Oh soledad espacial del silencio! Se deshace
el, ruido del corazón y cuando sobresaltado
oí un. silencio debajo o de otro silencio mayor: 
me fuíadelgazando hasta ser sólo silencio en aquel barrio del
cielo  
donde caí y fui enterrado por un cauce silencioso, 
por un gran no de esmeraldas que no sabían cantar.

Pablo Neruda


Aquí estoy con mi pobre cuerpo

Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo
que entinta de oros rojos el cielo de la tarde:
mientras entre la niebla los árboles oscuros
se libertan y salen a danzar por las calles.

Yo no sé por qué estoy aquí, ni cuándo vine
ni por qué la luz roja del sol lo llena todo:
me basta con sentir frente a mi cuerpo triste
la inmensidad de un cielo de luz teñido de oro,

la inmensa rojedad de un sol que ya no existe,
el inmenso cadáver de una tierra ya muerta,
y frente a las astrales luminarias que tiñen el cielo,
la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa.

Pablo Neruda

Pastoral

Voy copiando montañas,ríos,nubes,
saco mi pluma del bolsillo,anoto
un pájaro que sube
o una araña en su fábrica de seda,
no se me ocurre nada más:soy aire,
aire abierto,donde circula el trigo
y me conmueve un vuelo,la insegura
dirección de una hoja,el redondo 
ojo inmóvil de un pez en el lago,
las estatuas que vuelan en las nubes,
las multiplicaciones de la lluvia.

No se me ocurre más que el transparente
estío, no canto más que el viento,
y así pasa la historia con su carro
recogiendo mortajas y medallas,
y pasa, y yo no siento sino ríos, me
quedo solo con la primavera. 

Pastor,pastor, no sabes
que te esperan?

Le sé,lo sé,pero aquí junto al agua,
mientras crepitan y arden las cigarras
aunque me esperen yo quiero esperarme,
yo también quiero verme,
quiero saber al fin cómo me siento,
y cuando llegue donde yo me espero,
voy a dormirme muerto de la risa.

Pablo Neruda



sábado, 23 de mayo de 2015


Llueve

Llueve
sobre la arena, sobre el techo
el tema
de la lluvia:
las largas eles de la lluvia lenta
caen sobre las páginas
de mi amor sempiterno,
la sal de cada día:
regresa lluvia a tu nido anterior,
vuelve con tus agujas al pasado:
hoy quiero el espacio blanco,
el tiempo de papel para una rama
de rosal verde y de rosas doradas:
algo de la infinita primavera
que hoy esperaba, con el cielo abierto
y el papel esperaba,
cuando volvió la lluvia
a tocar tristemente
la ventana,
luego a bailar con furia desmedida
sobre mi corazón y sobre el techo,
reclamando
su sitio,
pidiéndome una copa
para llenarla una vez más de agujas,
de tiempo transparente,
de lágrimas.

Pablo Neruda 

jueves, 7 de mayo de 2015


19

NIÑA morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, 
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.

Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos. 
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.

Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía. 
Eres la delirante juventud de la abeja, 
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.

Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. 
Mariposa morena dulce y definitiva,
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.

Pablo Neruda

miércoles, 6 de mayo de 2015


Barrio sin luz 

¿Se va la poesía de las cosas 
o no la puede condensar mi vida? 
Ayer -mirando el último crepúsculo- 
yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.
Las ciudades -hollines y venganzas-, 
la cochinada gris de los suburbios, 
la oficina que encorva las espaldas, 
el jefe de ojos turbios.
Sangre de un arrebol sobre los cerros, 
sangre sobre las calles y las plazas, 
dolor de corazones rotos, 
podre de hastíos y de lágrimas.
Un río abraza el arrabal 
como una mano helada que tienta en las tinieblas: 
sobre sus aguas se avergüenzan 
de verse las estrellas.
Y las casas que esconden los deseos 
detrás de las ventanas luminosas, 
mientras afuera el viento 
lleva un poco de barro a cada rosa.
Lejos... la bruma de las olvidanzas 
-humos espesos, tajamares rotos-, 
y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean 
los bueyes y los hombres sudorosos.
Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas, 
mordiendo solo todas las tristezas, 
como si el llanto fuera una semilla 
y yo el único surco de la tierra.

Pablo Neruda

miércoles, 17 de diciembre de 2014


SONETO XLIX

Es hoy: todo el ayer se fue cayendo
entre dedos de luz y ojos de sueño,
mañana llegará con pasos verdes:
nadie detiene el río de la aurora.

Nadie detiene el río de tus manos,
los ojos de tu sueño, bienamada,
eres temblor del tiempo que transcurre
entre luz vertical y sol sombrío,

y el cielo cierra sobre ti sus alas
llevándote y trayéndote a mis brazos
con puntual, misteriosa cortesía:

Por eso canto al día y a la luna,
al mar, al tiempo, a todos los planetas,
a tu voz diurna y a tu piel nocturna.

Pablo Neruda

miércoles, 26 de noviembre de 2014


Soneto XLII
Radiantes días balanceados por el agua marina,
concentrados como el interior de una piedra amarilla
cuyo esplendor de miel no derribó el desorden:
preservó su pureza de rectángulo.
Crepita, sí, la hora como fuego o abejas
y es verde la tarea de sumergirse en hojas,
hasta que hacia la altura es el follaje
un mundo centelleante que se apaga y susurra.
Sed del fuego, abrasadora multitud del estío
que construye un Edén con unas cuantas hojas,
porque la tierra de rostro oscuro no quiere sufrimientos
sino frescura o fuego, agua o pan para todos,
y nada debería dividir a los hombres
sino el sol o la noche, la luna o las espigas.

Pablo Neruda

martes, 25 de noviembre de 2014


Poema 12 



Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma

Pablo Neruda 

jueves, 2 de octubre de 2014


Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

Pablo Neruda

miércoles, 24 de septiembre de 2014


Poema XIV

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te
pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes
Tú me responderás ha
sta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez c
orrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

Pablo Neruda‬

 

 

sábado, 7 de septiembre de 2013


(...) En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo. 
Y las hojas caían en el agua de tu alma (...)



Pablo Neruda,Poema 6

lunes, 5 de agosto de 2013

"Muere lentamente"

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca, no arriesga vestir un
color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita una pasión, quien
prefiere el negro sobre blanco y los puntos sobre las
“íes” a un remolino de emociones, justamente las que
rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los
bostezos, corazones a los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está
infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por
lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite
por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, quien no lee,
quien no oye música, quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,

quien no se deja ayudar.

Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de
su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente, quien abandona un proyecto antes
de iniciarlo, no preguntando de un asunto que desconoce
o no respondiendo cuando le indagan sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando
siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.

Solamente la ardiente paciencia hará
que conquistemos una espléndida felicidad.

Pablo Neruda