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martes, 25 de septiembre de 2018


La noche en el arroyo 

Infinito, Noviembre, tiembla, tiembla en el agua

Escucháis la voz de la noche?
De qué es la voz de la noche?
Es de agua o es de flor?
Es de flor y de agua a la vez.

Hagamos un silencio como el de las orillas oscuras
para escuchar esta voz innumerable y tenue.

Seamos vagas orillas de silencio inclinado
o los oídos de la misma noche
abiertos a qué hálito de flor y de agua juntos

Juan L. Ortiz

domingo, 5 de junio de 2016


El verdadero descanso 

Sí, estamos todos cansados, y nos olvidamos demasiado del oro del
otoño. Acaso la revolución consista en lo que el hombre por siglos ha
estado postergando: la necesidad del verdadero descanso, el que permite
ver cómo crecen, día a día, las florcitas salvajes… El hombre necesita
mirar las flores y mirar el cielo…

Juan L. Ortiz



viernes, 8 de enero de 2016


Un palacio de cristal
rodeado de sombras
azotado por las olas de las sombras.
¿Era esto la vida?
¿Pero es la muerte la sombra invasora?
Venimos de la vida, de la gran vida,
y hacia la vida, la gran vida, vamos,
a través de una forma efímera
hermana de la piedra y del arco-iris, sí, Marie Colmont.
Es el retorno, entonces, la muerte.
amiga de la voz segura y luminosa
que nos muestra los hilos infinitos, todavía trémulos,
que nos ligan a todas las criaturas del universo, en espera.
Sí, desde el abrazo humano, como tú dices,
nos elevaremos a la gran hermandad.
Desde la casa segura y limpia de la tierra,
desde la casa hermosa y noble,
en medio de las triunfantes aventuras,
por entre las fuerzas misteriosas que ceden,
la criatura humana entablará las más puras relaciones
con todas las cosas que tiemblan en su halo sensible
esperando nuestras miradas amorosas y nuestras caricias inteligentes.
Y con los animales, sí, con todos,
vidas todavía tan misteriosas y turbadoras.
¡Con todo!
Hay tantas cosas, tantas vidas,
que nos miran y nos esperan!
Tantas vidas que se consumen de espera!
Vidas las más increíbles, sí: una agua azulada,
una nube, un tallo de hierba, un árbol en la tarde,
el color de una tarde; más, si queréis,
una tarde sin color que sólo algunas flores señalan.
Tantas vidas: los animales y las cosas.
Pero desde el abrazo humano sí,
se organizará la ronda cósmica con cantos
o con miradas atentas.
La muerte no
existirá con su fisonomía egoísta
en que el hombre,
ciertos hombres, han esculpido los rasgos de su miedo,
o de sus "valores" ah, tan dependientes de muy "pequeñas" cosas.
La muerte, la gran sombra, la zona oscura de las fuerzas bullentes,
de donde surgió nuestra "forma", el equilibrio, ¿el equilibrio?
de nuestro momento tendido,
ah, secretamente tendido,
hacia todas las llamadas anhelantes de la creación.

 De El ángel inclinado

Juan L. Ortiz (Juanele)

Leído en: "Lectores del Paraná"


jueves, 17 de diciembre de 2015


Lluvia

Todo el día mi alma hoy estará suspensa
de la voz del agua,
como en un sueño
mojado.
La voz del agua
dulcemente cierra el mundo!
¡La voz del agua!
Todo el día seré un niño
que se está durmiendo.
La vida será sólo
una voz querida.

Juan L. Ortiz 

martes, 20 de octubre de 2015


NO ES TU LUZ, OCTUBRE

No es tu luz, Octubre.
Ni son los pájaros y las flores.
Ni tampoco es el verde nuevo, no.
Es el silencio del canto.
Un silencio que casi nos angustia de tan puro
y nos hunde
en vértigos delicados
hasta las presencias secretas
o las fisonomías adorables e indecisas
de una dicha que sube y las excede.
Es tu silencio, Octubre, el que yo amo.
¿De dónde surgieron
mi niñez
y mi adolescencia?
Sí, es también tu luz en la tarde quieta.
Silencio iluminado y transparente
con los vagos rostros
recuperados 
de un niño extraviado
y de un adolescente a la ventana.

JUAN L. ORTIZ

jueves, 13 de agosto de 2015


Rama de sauce

Rama de sauce soy curvada sobre el río
en busca del sentido de la noche del agua.
Rama de sauce soy sensible a las preguntas
del pájaro, en la tarde que ya es un hado extraño.
Rama de sauce que se estremece con la
"celistia" cuando en nosotros como un
calofrío azulea, y que muere de vida
cuando el alma del río en la luna se vuela.
Rama de sauce soy a cuyos pies el tiempo
es un baile de hadas que hacia la noche ondula.
Rama de sauce soy para quien el sentido
de la vida se aclara a una luz de agua.
Rama de sauce soy siguiendo los hilos
de un nocturno canto en la emoción del río,
en busca del secreto sensible del paisaje
que aun amándolo se le escapa, delgado.
Rama de sauce soy curvada sobre el río
en busca del sentido de la noche del agua.

Juan L. Ortiz

"Protosauce" (Libro hipotético construido a partir de un cuaderno que tiene como marca el título de "Cuaderno Borrador" que Ortiz conservó, forrado en papel madera, entre sus papeles, hasta el final de su vida. Un cuaderno que se inicia con una fecha, 25 de diciembre de 1924)
La "celistia" (neologismo) se ubica entre el día y la luna y su sentido refiere al cielo, o al reflejo del cielo en el agua, o en la superficie húmeda de rocío de un pastito, en las horas de la tarde cuando el sol ya se ocultó (quizá en oposición a solsticio).


Helen Wells

martes, 14 de julio de 2015


Luna sola 

Luna sola de los campos.
Pienso en las bellezas
perdidas.
Pero ¿es pérdida ésta?
Veo una luna abandonada
tan hermosa como ésta
sin nadie que la contemple.
¿Nadie siente
cómo los campos anochecidos
se van alumbrando, flotantes,
y descubren horizontes
marinos
con el humo de alguna
arboleda perdida?
¿Nadie?
Las ramas
están pálidas de encanto
y un sutil calofrío
recorre las hojas.
¿Acaso este pájaro
que aletea?
Luna de oro entre los ceibos.
Luna sola de los campos.

Juan L. Ortíz


'The Entire City', Max Ernst


viernes, 12 de junio de 2015


Ah, esta tarde encendida

Ah, esta tarde encendida, amigos, esta tarde,
de un oro vegetal iluminada toda
y toda penetrada de la gracia celeste
qué dulce, ah, qué dulce! entre el follaje frágil:
lluvia pálida o fluido casi primaveral
con una muy secreta y fragante nostalgia
de alma. Luz celeste y sensible mirando
entre la irradiación de la muerte suntuosa.
...Fue en Abril, sí, en Abril, en los primeros días
en que empieza a reinar un orden aún tierno
en las cosas. Venía distraído. De pronto
al volver de una esquina suburbana aquel árbol
me sorprendió con una presencia tan perfecta,
tan acabada, que, en un milagro hube
de creer. Parecía destacado con un
equilibrio, un ritmo, del todo musical,
en la plenitud grave y frágil de sus formas.
Y todo al punto se ordenó en torno de él
en una paz que hubiera madurado el sensible
pensamiento latente ya del mediodía.

Juan Laurentino Ortiz 

martes, 5 de mayo de 2015


SOBRE LOS MONTES...

Sobre los montes un canto.
Un canto, solo, en la tarde.
¿Qué Invisible ave nostálgica
llama? ¿Es el aire que canta?
¿O es la soledad infantil
pero profunda, que dice
a los cielos alejados,
lo que el reflejo y el ritmo
del río, lo que las flores
agrestes, lo que los árboles,
no pueden comunicar?

Sobre los montes un canto.
El silencio tan sensible,
con qué dulzura lejana,
melodiosa, se quiebra!
En su ruptura, la tarde
su tensión celeste afloja.
Qué silencio el de las aguas
ahora, y el arroyuelo
-temblor pudoroso entre
las altas hierbas- ¿por qué
ha callado? ¿Es este canto,
entonces, la pura esencia
de esta soledad perdida
en sí misma, que pedía
a las aguas, a los pájaros,
a los follajes, a las flores,
la voz que necesitaba?
¡Qué dicha honda, si frágil,
que el anhelo musical
de tantas vidas secretas,
de tan mágicas presencias
como concierta el paisaje,
al fin encuentre su canto!
Un canto sobre los montes.
¡Un canto, sólo, en la tarde!

JUAN L. ORTIZ


sábado, 28 de febrero de 2015


La tarde mira al agua,
azul,
y el agua es toda la tarde,
azul.

¿Nada más?
Y el pajonal bajo y pálido
y la arena y el prado
con el ganado lejano?

Nada más.
El agua azul, la tarde azul.
Un parpadeo azul,
un amor azul.

¿Quién danza dentro o se va?
Se va, y bajo las chispas
del tiempo azul,
una huida melancólica.

¿Y el verde infantil, el verde?
Oh, es un doliente ir, por qué?

La soledad de verde y azul
anhela quién sabe qué bajo el sol.

Esta es el alma, amigo,
en dos notas tendida, y suspirando
bajo un aire de diamantes
y de vuelos altos, altos...

-La brisa profunda- 1954

 Juan L. Ortiz

sábado, 7 de febrero de 2015


Sí, las rosas

Sí, las rosas
y el canto de los pájaros.
Toda la hermosura del mundo,
y la nobleza del hombre,
y el encanto y la fuerza del espíritu.
Sí, la gracia de la primavera,
las sorpresas del cielo y de la mujer.
¿Pero la hondura negra, el agujero negro,
obsesionantes?

Sí, Dios, lo divino,
a través de la rosa y del rocío,
y del cielo móvil de unos ojos,
¿pero el vacío negro, el horror vago y permanente de la sombra?

Sí, muchachas en la tarde,
niños en los jardines,
paisajes que suenan como melodías perfectas,
versos de Rilke o de Brooke,
entusiasmo generoso de las jóvenes almas
capaz de cambiar el mundo,
belleza del sacrificio y del ideal,
y el amor, y el hijo y la amistad,
¿pero el vacío negro, el escalofrío intermitente del abismo?

J.L.Ortiz
 
 

"Horse’s Skull with Pink Rose",Georgia O'Keeffe


 


 
 
 
 
 
 

miércoles, 31 de diciembre de 2014


SEÑOR...

......................... 'He sido, tal vez, una rama de árbol,
......................... una sombra de pájaro,
......................... el reflejo de un río...'

Señor,
esta mañana tengo
los párpados frescos como hojas,
las pupilas tan limpias como de agua,
un cristal en la voz como de pájaro,
la piel toda mojada de rocío,
y en las venas,
en vez de sangre,
una dulce corriente vegetal.

Señor,
esta mañana tengo
los párpados iguales que hojas nuevas,
y temblorosa de oros,
abierta y pura como el cielo el alma.

Juan L. Ortiz

domingo, 28 de diciembre de 2014



DOMINGO

El sol y el viento, solos, sobre el pueblo.
Alegría de cal, de callejones últimos
entre un pudor de ramas,
por donde mis paseados, lentos días
salían a suaves campos.
Vecino era del agua y de la luz.

Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas,
gracia viva del aire y los reflejos
bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

Juan L. Ortiz

sábado, 27 de diciembre de 2014



LA NOCHE Y LA MUJER

¿Dónde empieza la una y termina la otra?

Flor
de la noche
hecha sólo
de resplandores,
pero brotada
de un suave secreto
del cosmos.

Con su más pura
vida
es forma de la sombra
que mira
y abre
blancas sonrisas.

Loca la noche de la ciudad la quema en reflejos
¿Se muere en el día como una joya?

La noche de los árboles la entiende.
Y la calle iluminada
fija en ella su más viva y delicada pasión.

Juan L. Ortiz

miércoles, 5 de noviembre de 2014



PARA QUE LOS HOMBRES...

Para que los hombres no tengan vergüenza de la
de la belleza de las flores,
para que las cosas sean ellas mismas: formas
sensibles o profundas
de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por penetrar el mundo,
con el semblante emocionado o pasajero de nuestros
sueños,
o la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro
pensamiento,
para que podamos mirar y tocar sin pudor
las flores, sí, todas las flores,
y seamos iguales a nosotros mismos en la
hermandad delicada,
para que las cosas no sean mercancías,
y se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos todos hasta nuestro extremo límite,
nos perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima y segura de una simiente en la noche de la
tierra

Juan L. Ortiz / El álamo y el viento

domingo, 19 de octubre de 2014


...Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas,
gracia viva del aire y los reflejos
bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

Juan L. Ortiz



domingo, 5 de octubre de 2014


Fui al río...

Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Juan L. Ortiz

lunes, 29 de septiembre de 2014


DOMINGO

El sol y el viento, solos, sobre el pueblo.
Alegría de cal, de callejones últimos
entre un pudor de ramas,
por donde mis paseados, lentos días
salían a suaves campos.
Vecino era del agua y de la luz.
Campanas. Oh, la infancia que era como estas hojas,
gracia viva del aire y los reflejos
bajo la penetrante, mansa mirada de la tarde.

  
Juan L. Ortiz

miércoles, 24 de septiembre de 2014


"El agua y la noche"

Dios se desnuda en la lluvia
como una caricia
innumerable.
Cantan los pájaros entre la lluvia.
Las plantas bailan de alegría mojada.
La tierra
como una hembra
se disuelve en los dedos penetrantes
con una palidez de mil ojos desmayados.
Camino bajo la lluvia, todo mojado, cantando,
hacia mirajes que huyen en un rumoroso sueño.
Lluvia, lluvia!
Desnudez del dios
primaveral,
que baja danzando, danzando,
a fecundar la amada
toda abierta de espera, quebrada ya de ardor
amarillo y largo.

 Juan L. Ortiz

martes, 2 de septiembre de 2014


Dulce es estar tendido
fundido en el espíritu del cielo
a través de la ventana
abierta
sobre los soplos oscuros...
Dulce, dulce...
El pensamiento amarillo de allá
es nuestro mismo silencio casi póstumo
libre
sobre los abismos...
Dulce, dulce haber en alguna manera muerto
hasta el primer jazmín de arriba
que titila de súbito
en la misma brisa del poema que leemos...
Dulce, dulce...
¿Pero has olvidado, alma, has olvidado?
Dulce, dulce, bajo el vértigo
de las enredaderas celestes
estar solo con Keats,
bajo Keats, mejor bajo otra liana eterna...
Oh melancolía, oh melancolía que se enciende como un jardín
sobre la terraza que flota en una luz pequeña…
¿En qué urnas etéreas, alma,
olvidaste tu tiempo y tu piedad?
Bajo la breve dicha algo en el aire:
las ramas de la angustia, alma, que llaman...
Una angustia que quiere dejar de ser en todas partes,
en todos, en todos los grados de la soledad...
desde la piedra, acaso, alma,
hasta el ángel que se contrae herido…
La vida quiere unirse, alma, de nuevo, por encima de los
suplicios…
¿No oyes los gritos profundos del edén que quiere ser
con la lucecita desvelada, sí pero tierna, sin el fruto de la
muerte
y libre al fin de sí misma?
Alma, dulce es el sueño,
pero no se roba ahora, ahora, a la memoria del amor?
Ay, el amor, ahora, con los ojos abiertos sobre el infierno,
sin poder alzarlos, serenos, hacia el cielo de todos,
o bajarlos, serenos, hacia su cielo íntimo para más puramente
devolver…

Juan L. Ortiz