martes, 19 de abril de 2016


Me peina el viento los cabellos 
como una mano maternal; 
abro las puertas del recuerdo 
y el pensamiento se me va; 
son otras voces las que llevo 

es de otros labios mi cantar; 
hasta mi gruta del recuerdo 
tiene una extraña claridad.


Frutos de tierras extranjeras 
olas azules de otro mar, 
amores de otras gentes, 
penas que no me atrevo a recordar 
y el viento, 
el viento que me peina 
como una mano maternal.

Mi verdad se pierde en la noche, 
no tengo noche ni verdad, 
tendido en medio del camino, 
deben pisarme para andar.

Pasan por mí sus corazones, 
ebrios de vino y de soñar, 
yo soy un puente inmóvil 
entre tu corazón y la eternidad.

Si me muriera de repente, 
no dejaría de cantar, 
y el viento, 
el viento que me peina 
como una mano maternal.

Pablo Neruda

viernes, 8 de abril de 2016


Fundación 

Como quien dice: anhelo,
vivo, amo,
inventemos palabras,
nuevas luces y juegos,
nuevas noches
que se plieguen
a las nuevas palabras.
Hagamos
otros dioses
menos grandes,
menos lejanos,
más breves y primarios.
Otros sexos
hagamos
y otras imperiosas necesidades
nuestras,
otros sueños
sin dolor y sin muerte.
Como quien dice: nazco,
duermo, río,
inventemos
la vida
nuevamente.

Susana Thénon



LOS SUEÑOS DE LOS NIÑOS INVENTANDO PAÍSES

Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.
El niño es el primer surrealista.
Y crece es hombre, y sigue viviendo más no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.
Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa.

Raúl González Tuñón

Fotografía de Helen Levitt

miércoles, 6 de abril de 2016


“La voz de la rebelión”, por Agustín García Calvo

El siguiente escrito corresponde a la última publicación de Agustín García Calvo en la prensa libertaria. Apareció en mayo de 2012, en la edición n°20 de BICEL, boletín interno de la Fundación Anselmo Lorenzo, ubicada en España.

A ver si se puede oír esto:

Por la razón y el sentido común podemos decirle a este régimen que padecemos, a todos esos planes de economía futurista que nos invaden desde lo alto, desde donde Estado y Capital (que son lo mismo en todas partes) mandan y nos mandan encima que estemos informados y preocupados, como si nos fuera la vida en lo mismo que les va a Ellos: en el futuro de su dinero, de su euro o de su dólar o de su yen o como se llame, en el futuro de las ventas demenciales de sus averiados productos, de esos que están llenando de basura los sitios donde se podría –quién sabe– vivir.

Podemos porque se puede decirle que no, simplemente que no, sin necesidad de proponer nada a cambio (ya la gente sabe por lo bajo cómo apañarse sin Ellos o puede irlo sabiendo a medida que tenga que hacerlo): sólo hay que perder un poco el miedo personal y dejarse decirlo, porque ya está bien de que nos traten como a idiotas acojonados, que tiemblan por su futuro, que no piensan más que en la seguridad (¡ja!) que puede darles una cuenta corriente, en tener para pagar y seguir comprando chismes inútiles a costa de venderse y matarse por un puesto de trabajo de los que Ellos promocionaron y crean y nos obligan a tener o no tener, como a idiotas que están llenos de eso que tanto nos animan a tener: sueños e ilusiones personales (¡ejem!), y que por tanto, no se enteran de nada de lo que están haciendo. Todos los días por todos los medios, tratan de demostrarnos que eso es lo que somos: unos auténticos individuos (Ellos dicen “personas”, que es una cosa muy santa), y que no hay más en la gente que eso.

La penuria de cada día, la miseria que vemos dentro y fuera, hay que verla -nos dicen- como si fueran el bienestar y la riqueza mismos por el miedo a perderlas, a quedarse sin ello. No hay más que ver esos lamentos que se promocionan por ahí, que hacen a tantos salir indignamente a reclamar más empleo, más educación, más sanidad pública a las calles, olvidados de que tal vez no hace mucho, antes de que les informaran sobre recortes y demás amenazas futuras, ellos mismos podían haber estado echando pestes de todo eso que llaman empleo, educación o sanidad, lo mismo públicos que privados. Es lo que está mandado pensar: que hay que dar gracias al señor y seguir así, progresando en lo mismo, porque, si no, podríamos volver a las cavernas. Pero qué pasa si en vez de engañarnos sin lo que ellos nos venden, que bien mirado, no puede ser nada de verdad bueno ni deseable para nadie. Todo el mundo sabe que son sustitutos. Sirven para llenar unas vidas contabilizadas previamente, que consisten en un tiempo vacío en que temer o esperar un futuro y otro futuro, que eso no merece llamarse ni vida, que es una existencia abstracta y sosa a más no poder. El dinero acaba con las cosas.

Para perder ese miedo, no hace falta más que dejarse pensar y decirlo, el alivio y el ahorro que sería para todo el mundo no tener que seguir contribuyendo a sostener tanta insensatez, que no haya papeles que hacer a todas horas, que no haya que ir a ningún sitio por obligación, ni trabajo ni vacaciones ni semana laboral que engorden los bancos, que no haya oficinas ni bancos ni ministerios ni más ventas de pisitos, automóviles y demás inutilidades. ¡Eso sí que sería economía de la buena, sin estados ni fronteras, la de la gente viviendo en la tierra, libre de todos esos estorbos de Estado, Trabajo, Dinero, Familia, libres del Hombre y su Historia! ¿No sentís cómo tiemblan los padres de la patria eterna, los ejecutivos creyentes en el Futuro? Quien diga que no se puede será que tiene algún interés en mentir, porque poderse, claro que se puede, que nada de verdad lo impide.

Sólo que a la gente le han dicho que algún gobierno de lo alto, algún orden tiene que haber, hecho de leyes y policías, porque si no, el caos, la ley de la selva y el comerse los unos a los otros. Pero no puede ser tan tonta la gente para creerse eso ni dejar que nadie se lo crea ¿no?, porque eso nunca se ha visto más que en fantasías o películas: el único caos y la única jungla que conocemos son éstos que han producido la administración de los estados al servicio del Dinero con toda violencia impuesta, los tenemos delante cada día sus horrores, sólo con fijarnos en el tráfico mismo. El miedo a los fantasmas de lo que podría pasar si no nos defendieran las leyes y sus fuerzas armadas de esos fantasmas que ellos mismos fabrican para asustarnos, sólo ese miedo vano, esa fe en que estamos seguros contra los fantasmas de las guerras y hambrunas que salen por televisión, parece ser más que nada lo que permite que la pesadilla real continúe.

Pero no puede hacerse creer por siempre a la gente que el terror en que “vivimos” es normal. Como decíamos al principio, aparte del miedo personal que nos han metido, vive entre la gente la razón y el sentido común que pueden decirle que no a toda esa organización del Dinero sin miedo ninguno, porque es horrible y mentirosa, y caiga quien caiga. Algún día habrá que despertar y decirlo ¿no?: pues que sea ahora. ¡Abajo la mentira!

¿O es que no se piensa que a lo mejor las mujeres y sus hombres, libres del dinero, podrían vivir y dejar vivir? Porque lo que es con Él…

Otro día seguiremos razonando, que ya se sabe que no se derriba el régimen de un soplo, pero mientras tanto cabe acá abajo corroer la fe en las mentiras que lo sostienen y dejarlo que se hunda.

¡Salud y a ello!

martes, 29 de marzo de 2016


Flor de un día es lo más grande
al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz el relámpago,
y flor del instante el tiempo.

Miguel Hernández



Fotografía de Robert Mapplethorpe


lunes, 28 de marzo de 2016


y

esa soledad

suspendida

pequeña

vivísima

desmiente insomnios

la única que puede sostenerme

sobre este instante de lodo

quien cruza la noche lleva un pedazo

del mundo...


Ernesto García López





Refugiados, los nuevos desaparecidos del mundo

Arturo Borra

El poder de borrado mediático es la contrapartida necesaria de su capacidad para construir agendas públicas, esto es, su posibilidad efectiva de establecer asuntos considerados de relevancia colectiva. En el tráfago informativo, el tratamiento dominante de la problemática de los refugiados -que puede interpretarse de forma crítica como nueva crisis de humanidad- no sólo se ha reducido en términos cuantitativos sino que ha perdido buena parte de la relevancia que los medios masivos le asignaron tan sólo seis meses atrás.
El balance de muertos es lapidario: según estimaciones –con márgenes de error significativos-, en 2014 más de 3500 personas han fallecido en su odisea para arribar a Europa, mientras que en 2015 la cifra se eleva a más de 3600 personas . Las escasas estadísticas al respecto apenas dan cuenta de la magnitud del desastre. No sólo porque muchos quedarán sepultados en el cementerio del Mediterráneo sin que nadie pueda atestiguarlo, sino porque tampoco da cuenta de los que logran sobrevivir en condiciones paupérrimas, incluyendo buena parte de los que arriban a Europa (y en 2015 se trata de más de un millón de seres humanos). Lo que es peor: pone en evidencia que la Comisión Europea (CE) no ha tomando las medidas pertinentes para reducir de forma significativa este silencioso holocausto -que contabiliza decenas de miles de muertos anónimos en las últimas dos décadas- ni ha asumido su cuota específica de responsabilidad en la producción de diásporas a gran escala.

La creciente invisibilización de este drama colectivo, ocasionado especialmente por las guerras en Medio Oriente y el Norte de África, es correlativa a la carencia de respuestas aceptables por parte de la CE, incluso si Alemania, a nivel individual, ha acogido en 2015 a poco menos de un millón de personas en condición de solicitantes de asilo. El fracaso absoluto del plan europeo para reasentar a 160.000 solicitantes de asilo (apenas un 3% del total de refugiados sirios), en todo el territorio comunitario, muestra la nula prioridad político-gubernamental ante una realidad sangrante de la que las políticas europeas son co-responsables.

La disminución de la presión colectiva, junto a la agitación del miedo por parte de los discursos eurocéntricos e islamófobos que usan los atentados terroristas como arma arrojadiza, favorecen la postergación indefinida de medidas de acogida a estos colectivos, considerados en el mejor de los casos como objetos de caridad y, en el peor, como material descartable. La postergación de lo impostergable en términos éticos y políticos pone en jaque la credibilidad –ya de por sí erosionada- de la CE en su autoproclamado liderazgo en materia de derechos humanos. Ante la sucesión de decisiones supuestamente fallidas cabe interrogar, sin embargo, si se trata sólo de una gestión deficitaria de una problemática considerada de primer orden o, si por el contrario, se trata más bien de una gestión efectiva de una problemática considerada de baja prioridad. La respuesta es clara: la celeridad con que Europa blinda sus fronteras contrasta con la lentitud para mejorar los accesos a quienes aspiran a solicitar asilo y, lo que no deja de ser más perentorio, no perecer en el intento.

A pesar de la sangría recurrente que sigue produciéndose en el Mediterráneo y de la vergüenza de seguir permitiéndolo, las autoridades europeas todavía no han puesto en marcha ningún programa de salvamento marítimo que evite lo evitable. Como es sabido, agencias como Frontex u otras que la sustituirán, tal como la nueva Guardia Europea de Costas y Fronteras, no tienen como objetivo primario el rescate de personas en situación de emergencia sino la custodia policial de las fronteras externas de Europa.

La conclusión es lamentable: mientras sigue bloqueada la ayuda real a las personas que se desplazan de manera forzosa para preservar sus vidas, quienes lideran el espacio comunitario no dudan en desbloquear partidas destinadas a la “contención” externa de esos desplazamientos (apelando especialmente a países como Turquía) o en tomar nuevas iniciativas securitarias destinadas a proteger el espacio de “libre circulación” de Schengen.

Ninguna declaración bienintencionada puede contrarrestar semejante conclusión como no sea activando una política de asilo europea consistente, de signo diferenciado, elaborada y apoyada por fuerzas políticas emergentes a nivel nacional e internacional. La falta de prioridad que los gobiernos europeos le dan a esta catástrofe social no sólo es una incitación a reflexionar sobre las consecuencias prácticas de este abandono: es un toque de alarma sobre el andamiaje que la CE sigue construyendo de forma tan imperturbable como cínica. Es ese andamiaje el que presagia su propio hundimiento, al menos en la medida en que el bienestar no quede confinado a unas élites desconectadas de las mayorías sociales.

No serán aquellos que deniegan asistencia a esos cientos de miles de personas los que cambiarán esta catástrofe. La contracara del ultraliberalismo del capital –que circula de forma irrestricta a nivel mundial- no es otra que esta forma de totalitarismo que atenaza a sus víctimas, allí donde cada vida importa menos que la custodia del océano donde naufraga.

Ante esta coyuntura histórica -que supone un rédito más político que económico a corto plazo para quienes la propician-, surgen algunas preguntas previsibles. ¿Qué hay del miedo primitivo a ser devorados por “la turba” o del miedo contemporáneo al terrorismo? ¿Qué tipo de ceguera opera cuando se supone que no llegarán a Europa las esquirlas (humanas) de ese polvorín llamado Medio Oriente? Las respuestas son complejas, pero habría que apresurarse a desmontar la lógica misma de las preguntas. El “miedo” no es ante el Otro sino ante la propia derecha europea, ávida de capitalizar cualquier descontento social a partir de un discurso xenófobo y racista. Rechazo sin miedo entonces. El otro que sobrevive a duras penas no da miedo ante todo porque está inerme. Literalmente. Por tanto, lo que atemoriza a la amplia mayoría de los gobiernos europeos es la impugnación de sus partidos aliados, la rebelión en sus filas y la pérdida de apoyo del establishment mediático, comprometidos como están con un proyecto político neoconservador que ni siquiera aboga por rescatar a sus conciudadanos.

La “turba”, por lo demás, no sólo no naufraga: está a varias bandas, en diferentes trincheras, alineada a los señores de la guerra, comenzando por las grandes potencias coloniales o sus aliados estratégicos de Medio Oriente, comenzando por Arabia Saudí. No sólo no hay razones suficientes para suponer que el terrorismo (yihadista) es una amenaza meramente externa, sino que en cualquier caso no hay ninguna prueba de que el camino elegido para arribar a Europa sea la de la zozobra del océano o las penurias del éxodo. Por el contrario, cuando se trata efectivamente de “extranjeros” y no de “nacionales”, cabe suponer que disponen de medios considerablemente más eficaces para “filtrarse” en Europa. Incluso si no cabe al respecto ninguna ingenuidad, los mismos mecanismos selectivos previstos para reasentar y atender las solicitudes de asilo resultan suficientes para conjurar el fantasma terrorista que algunos discursos pretenden soldar a esta masa ingente de refugiados.

Por otra parte, resulta inverosímil suponer que los miembros de la CE son “ciegos” ante una suerte de “retorno de lo reprimido” que, imprevisiblemente, puede aparecer bajo diferentes rostros de lo terrible. Los tibios intentos de responder a la cuestión -que apuntan a descomprimir semejante situación explosiva- se topan así con los compromisos en los que de facto estos miembros se han embarcado. La misma preocupación por blindar sus fronteras y la institucionalización del estado policial –bajo la forma de «estado de seguridad»- ya es indicativa de esta anticipación que opera, ante todo, como incremento del control policial sobre la ciudadanía.

En suma, la CE está entrampada en su giro hacia la derecha. Cualquier intento de desbloquear la crisis de refugiados choca, ante todo, con el muro blanco que sus estados miembro han levantado junto a sus “socios de gobierno”. No se trata, así, de ceguera ante una situación que podría volverse contra sí como un boomerang, sino de falta de voluntad política. Es la actual correlación de fuerzas políticas lo que determina este bloqueo, reforzado por la posición minoritaria de la izquierda parlamentaria europea y una presión colectiva tan esporádica como insuficiente. Sólo un cambio significativo en esa correlación de fuerzas podría no tanto acelerar la “gestión de la crisis” como dar lugar a otras políticas de asilo -mucho más acordes al respeto incondicional de los derechos humanos fundamentales, independientemente a la etnia, género, nacionalidad o grupo social. En términos más generales, intentar detener los desplazamientos poblacionales sin apostar por una transformación estructural de las condiciones socioeconómicas, políticas y militares que los producen (comenzando por las guerras o las hambrunas) es, cuando mínimo, una forma de evadir cualquier tentativa de solución duradera.

Mientras la CE se hunde en su propia trampa, los refugiados –esos nuevos desaparecidos del siglo XXI- seguirán recorriendo Europa como un fantasma que recuerda la ignominia de los vivos.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207595

Imágenes de los campos de refugiados de Idomeni (Grecia) y Calais (Francia):