lunes, 30 de mayo de 2016



Afuera oigo la lluvia, adentro siento la lluvia. Mi cuerpo de barro se deshace.

Miguel Angel Bustos

domingo, 29 de mayo de 2016


HAY UN DÍA FELIZ

A recorrer me dediqué esta tarde 
Las solitarias calles de mi aldea 
Acompañado por el buen crepúsculo 
Que es el único amigo que me queda. 
Todo está como entonces, el otoño 
Y su difusa lámpara de niebla, 
Sólo que el tiempo lo ha invadido todo 
Con su pálido manto de tristeza. 
Nunca pensé, creédmelo, un instante 
Volver a ver esta querida tierra, 
Pero ahora que he vuelto no comprendo 
Cómo pude alejarme de su puerta. 
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas 
Ni sus viejos portones de madera. 
Todo está en su lugar; las golondrinas 
En la torre más alta de la iglesia; 
El caracol en el jardín, y el musgo 
En las húmedas manos de las piedras. 
No se puede dudar, éste es el reino 
Del cielo azul y de las hojas secas 
En donde todo y cada cosa tiene 
Su singular y plácida leyenda: 
Hasta en la propia sombra reconozco 
La mirada celeste de mi abuela. 
Estos fueron los hechos memorables 
Que presenció mi juventud primera, 
El correo en la esquina de la plaza 
Y la humedad en las murallas viejas. 
¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe 
Uno apreciar la dicha verdadera, 
Cuando la imaginamos más lejana 
Es justamente cuando está más cerca. 
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice 
Que la vida no es más que una quimera; 
Una ilusión, un sueño sin orillas, 
Una pequeña nube pasajera. 
Vamos por partes, no sé bien qué digo, 
La emoción se me sube a la cabeza. 
Como ya era la hora del silencio 
Cuando emprendí mi singular empresa, 
Una tras otra, en oleaje mudo, 
Al establo volvían las ovejas. 
Las saludé personalmente a todas 
Y cuando estuve frente a la arboleda 
Que alimenta el oído del viajero 
Con su inefable música secreta 
Recordé el mar y enumeré las hojas 
En homenaje a mis hermanas muertas. 
Perfectamente bien. Seguí mi viaje 
Como quien de la vida nada espera. 
Pasé frente a la rueda del molino, 
Me detuve delante de una tienda: 
El olor del café siempre es el mismo, 
Siempre la misma luna en mi cabeza; 
Entre el río de entonces y el de ahora 
No distingo ninguna diferencia. 
Lo reconozco bien, éste es el árbol 
Que mi padre plantó frente a la puerta 
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos 
Fuera mejor que una ventana abierta). 
Yo me atrevo a afirmar que su conducta 
Era un trasunto fiel de la Edad Media 
Cuando el perro dormía dulcemente 
Bajo el ángulo recto de una estrella. 
A estas alturas siento que me envuelve 
El delicado olor de las violetas 
Que mi amorosa madre cultivaba 
Para curar la tos y la tristeza. 
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces 
No podría decirlo con certeza; 
Todo está igual, seguramente, 
El vino y el ruiseñor encima de la mesa, 
Mis hermanos menores a esta hora 
Deben venir de vuelta de la escuela: 
¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo 
Como una blanca tempestad de arena!

Nicanor Parra 




viernes, 20 de mayo de 2016


Hay un estilo en la noche.
Pero la noche sobrepasa a veces su estilo
e inicia una plástica nueva, 
un lenguaje de distancias distintas, 
un desapasionado volumen
de informulada pasión. 
Los árboles y las otras cosas que se apoyan contra la noche 
sienten de pronto que la noche pasa a apoyarse en ellos, 
como si debieran guiarla en su inédito tanteo, 
en su búsqueda de otro tono del negro. 
Y la luna, que era luna en el estilo de la noche, 
pasa a ser la piel de un bautismo inminente, 
la precoz inicial de una aventura parecida a una forma, 
pero más densa que ella, 
algo así como una forma que contuviera la masa de todo.

Segunda Poesía Vertical (1963)

Roberto Juarroz

martes, 19 de abril de 2016


Me peina el viento los cabellos 
como una mano maternal; 
abro las puertas del recuerdo 
y el pensamiento se me va; 
son otras voces las que llevo 

es de otros labios mi cantar; 
hasta mi gruta del recuerdo 
tiene una extraña claridad.


Frutos de tierras extranjeras 
olas azules de otro mar, 
amores de otras gentes, 
penas que no me atrevo a recordar 
y el viento, 
el viento que me peina 
como una mano maternal.

Mi verdad se pierde en la noche, 
no tengo noche ni verdad, 
tendido en medio del camino, 
deben pisarme para andar.

Pasan por mí sus corazones, 
ebrios de vino y de soñar, 
yo soy un puente inmóvil 
entre tu corazón y la eternidad.

Si me muriera de repente, 
no dejaría de cantar, 
y el viento, 
el viento que me peina 
como una mano maternal.

Pablo Neruda

viernes, 8 de abril de 2016


Fundación 

Como quien dice: anhelo,
vivo, amo,
inventemos palabras,
nuevas luces y juegos,
nuevas noches
que se plieguen
a las nuevas palabras.
Hagamos
otros dioses
menos grandes,
menos lejanos,
más breves y primarios.
Otros sexos
hagamos
y otras imperiosas necesidades
nuestras,
otros sueños
sin dolor y sin muerte.
Como quien dice: nazco,
duermo, río,
inventemos
la vida
nuevamente.

Susana Thénon



LOS SUEÑOS DE LOS NIÑOS INVENTANDO PAÍSES

Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.
El niño es el primer surrealista.
Y crece es hombre, y sigue viviendo más no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
-una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje-.
Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa.

Raúl González Tuñón

Fotografía de Helen Levitt

miércoles, 6 de abril de 2016


“La voz de la rebelión”, por Agustín García Calvo

El siguiente escrito corresponde a la última publicación de Agustín García Calvo en la prensa libertaria. Apareció en mayo de 2012, en la edición n°20 de BICEL, boletín interno de la Fundación Anselmo Lorenzo, ubicada en España.

A ver si se puede oír esto:

Por la razón y el sentido común podemos decirle a este régimen que padecemos, a todos esos planes de economía futurista que nos invaden desde lo alto, desde donde Estado y Capital (que son lo mismo en todas partes) mandan y nos mandan encima que estemos informados y preocupados, como si nos fuera la vida en lo mismo que les va a Ellos: en el futuro de su dinero, de su euro o de su dólar o de su yen o como se llame, en el futuro de las ventas demenciales de sus averiados productos, de esos que están llenando de basura los sitios donde se podría –quién sabe– vivir.

Podemos porque se puede decirle que no, simplemente que no, sin necesidad de proponer nada a cambio (ya la gente sabe por lo bajo cómo apañarse sin Ellos o puede irlo sabiendo a medida que tenga que hacerlo): sólo hay que perder un poco el miedo personal y dejarse decirlo, porque ya está bien de que nos traten como a idiotas acojonados, que tiemblan por su futuro, que no piensan más que en la seguridad (¡ja!) que puede darles una cuenta corriente, en tener para pagar y seguir comprando chismes inútiles a costa de venderse y matarse por un puesto de trabajo de los que Ellos promocionaron y crean y nos obligan a tener o no tener, como a idiotas que están llenos de eso que tanto nos animan a tener: sueños e ilusiones personales (¡ejem!), y que por tanto, no se enteran de nada de lo que están haciendo. Todos los días por todos los medios, tratan de demostrarnos que eso es lo que somos: unos auténticos individuos (Ellos dicen “personas”, que es una cosa muy santa), y que no hay más en la gente que eso.

La penuria de cada día, la miseria que vemos dentro y fuera, hay que verla -nos dicen- como si fueran el bienestar y la riqueza mismos por el miedo a perderlas, a quedarse sin ello. No hay más que ver esos lamentos que se promocionan por ahí, que hacen a tantos salir indignamente a reclamar más empleo, más educación, más sanidad pública a las calles, olvidados de que tal vez no hace mucho, antes de que les informaran sobre recortes y demás amenazas futuras, ellos mismos podían haber estado echando pestes de todo eso que llaman empleo, educación o sanidad, lo mismo públicos que privados. Es lo que está mandado pensar: que hay que dar gracias al señor y seguir así, progresando en lo mismo, porque, si no, podríamos volver a las cavernas. Pero qué pasa si en vez de engañarnos sin lo que ellos nos venden, que bien mirado, no puede ser nada de verdad bueno ni deseable para nadie. Todo el mundo sabe que son sustitutos. Sirven para llenar unas vidas contabilizadas previamente, que consisten en un tiempo vacío en que temer o esperar un futuro y otro futuro, que eso no merece llamarse ni vida, que es una existencia abstracta y sosa a más no poder. El dinero acaba con las cosas.

Para perder ese miedo, no hace falta más que dejarse pensar y decirlo, el alivio y el ahorro que sería para todo el mundo no tener que seguir contribuyendo a sostener tanta insensatez, que no haya papeles que hacer a todas horas, que no haya que ir a ningún sitio por obligación, ni trabajo ni vacaciones ni semana laboral que engorden los bancos, que no haya oficinas ni bancos ni ministerios ni más ventas de pisitos, automóviles y demás inutilidades. ¡Eso sí que sería economía de la buena, sin estados ni fronteras, la de la gente viviendo en la tierra, libre de todos esos estorbos de Estado, Trabajo, Dinero, Familia, libres del Hombre y su Historia! ¿No sentís cómo tiemblan los padres de la patria eterna, los ejecutivos creyentes en el Futuro? Quien diga que no se puede será que tiene algún interés en mentir, porque poderse, claro que se puede, que nada de verdad lo impide.

Sólo que a la gente le han dicho que algún gobierno de lo alto, algún orden tiene que haber, hecho de leyes y policías, porque si no, el caos, la ley de la selva y el comerse los unos a los otros. Pero no puede ser tan tonta la gente para creerse eso ni dejar que nadie se lo crea ¿no?, porque eso nunca se ha visto más que en fantasías o películas: el único caos y la única jungla que conocemos son éstos que han producido la administración de los estados al servicio del Dinero con toda violencia impuesta, los tenemos delante cada día sus horrores, sólo con fijarnos en el tráfico mismo. El miedo a los fantasmas de lo que podría pasar si no nos defendieran las leyes y sus fuerzas armadas de esos fantasmas que ellos mismos fabrican para asustarnos, sólo ese miedo vano, esa fe en que estamos seguros contra los fantasmas de las guerras y hambrunas que salen por televisión, parece ser más que nada lo que permite que la pesadilla real continúe.

Pero no puede hacerse creer por siempre a la gente que el terror en que “vivimos” es normal. Como decíamos al principio, aparte del miedo personal que nos han metido, vive entre la gente la razón y el sentido común que pueden decirle que no a toda esa organización del Dinero sin miedo ninguno, porque es horrible y mentirosa, y caiga quien caiga. Algún día habrá que despertar y decirlo ¿no?: pues que sea ahora. ¡Abajo la mentira!

¿O es que no se piensa que a lo mejor las mujeres y sus hombres, libres del dinero, podrían vivir y dejar vivir? Porque lo que es con Él…

Otro día seguiremos razonando, que ya se sabe que no se derriba el régimen de un soplo, pero mientras tanto cabe acá abajo corroer la fe en las mentiras que lo sostienen y dejarlo que se hunda.

¡Salud y a ello!