miércoles, 20 de marzo de 2019


LA POESÍA 

Recuerdo muy bien aquel mundo de agua donde empezó mi vida.
Lo recuerdo porque puedo imaginarlo, porque puedo conjeturarlo. 
Ese mundo de agua, redondo y sin fondo, donde adquirí mi forma 
fue la metáfora primera que conocí. 
Y el canal entre mi madre y yo, fue el primer verso.
Porque la poesía es una conjetura acerca de lo inefable. 
Un modo, quizás el único, de acercarse a las quimeras.
Recuerdo también el día en que mi madre se quedó parada 
a mis espaldas, mientras yo subía las escaleras de la mano de una mujer vestida con guardapolvo blanco. 
La mujer me dijo que no llorara, que iba a enseñarme a dibujar la letra m. Entonces, llegó de nuevo la poesía. 
Y entendí que el lenguaje puede ser la extensión del regazo materno.
También recuerdo cuando ocurrió al revés, y fue mi propio vientre 
una metáfora de agua.
Puedo recordar cuando yo fui la madre detenida a espaldas de mi niña. Aquella vez, regresó la poesía a explicarme los sentidos del tiempo.
Hoy recuerdo mi muerte.
Puedo recordarla porque puedo imaginarla, puedo conjeturarla.
Si en ese trance consigo aceptar que es nuestro deber dejar sitio a los otros, entonces la muerte no será más que la mejor metáfora del amor.

Liliana Bodoc 

jueves, 14 de febrero de 2019


La próxima vez

La próxima vez lo que haría es mirar
la tierra antes de decir algo. Detenerme
justo antes de entrar en una casa,
y por un minuto ser emperador 
y escuchar el viento
o el aire inmóvil.

Cuando alguien me hablase para
culparme o alabarme, o solamente por pasar el rato,
le miraría la cara, cómo la boca
tiene que trabajar, y vería cada tensión, cada
signo de lo que alzó la voz.

Y sobre todo, conocería más –la tierra
que se afirma en sí misma y se levanta, el aire
que encuentra cada hoja y cada pluma sobre
el bosque y el agua, y en todas las personas
el cuerpo que resplandece adentro de la ropa
como una luz.

Mary Oliver

miércoles, 30 de enero de 2019


Los ríos 

Me apoyo en este árbol mutilado
abandonado en esta hondonada
que tiene la languidez
de un circo
antes o después del espectáculo
y miro
el paisaje quieto
de las nubes sobre la luna

Esta mañana me he tendido
en una urna de agua
y como una reliquia
he reposado

El río Isonzo fluyendo
me pulía
como a una de sus piedras

He alzado
mis cuatro huesos
y me fui
como un acróbata
sobre el agua

Me he arrodillado
Junto a mis ropas
sucias de guerra
y como un beduino
Me he inclinado a recibir
el sol

Este es el Isonzo
donde mejor
me he reconocido
una dócil fibra
del universo

Mi suplicio
es cuando
no me creo en armonía

Pero aquellas ocultas
Manos
que me amasan
me regalan
la rara
felicidad

He repasado
las épocas
de mi vida

Estos son
mis ríos

Este es el Serchio
al cual están unidos
dos mil años casi
de mi gente campesina
y mi padre y mi madre

Este es el Nilo
que me ha visto
nacer y crecer
y arder de inconsciencia
en las extensas llanuras

Este es el Sena
y en su turbulencia
me he mezclado
y me he conocido

Estos son mis ríos
reunidos en el Isonzo

Esta es mi nostalgia
que en cada uno
me vislumbra
ahora que es de noche
que mi vida me parece
una corola
de tinieblas

Giuseppe Ungaretti

Mar

Palaa se derrama en mi llanto… en la orilla de los vivos.
Así despido a mi abuela acompañante,
que ha dejado sus huesos cerca de las olas.
Ahora me preparo para recibirla en los sueños.

Vito Apüshana

Mujeres-aves

En una tarde ocurrió que vi correr a dos alcaravanes. Pasaron
veloces por mi enramada, cantando:
Leu, leu leu, ma. Leu, leu leu, ma.
Había luna subiendo sobre el rojo descanso del sol… y los vi
perderse por el camino que va hacia el jagüey de Mariirop.
Entrada la noche sucedió un sueño en mí… lleno de mujeresaves:
estaba jierü-witush, la mujer-azulejo, tejiendo con todos
los colores del tiempo; jierü-wawaachi, la mujer-tórtola,
llamaba a sus hijos:
«¡Traigan la vida aquí!»
«¡Traigan la vida aquí!»
Jierü-shotii, la mujer-lechuza, acechaba desde el fuego de sus ojos
al hombre deseado; jierü-chünü’ü, la mujer-colibrí, renovaba
las flores de los sueños olvidados… y muchas aves y muchas
mujeres; jierü-kaarai, la mujer-alcaraván, allá, henchida de
presagios en cada latido de su corazón; jierü-wulu’ui, la mujerturpial,
repartía el agua fresca de la risa; jierü-iisho, la mujercardenal,
sostenía el entorno en sus alas rojicenizas.
Al despertar, le conté el sueño a mi madre… y sonrió sin
mirarme: «¡Aaa, ella es una wainpirai!»… una mujer-sinsonte.
Y a partir de entonces he venido descubriendo las plumas
ocultas de las mujeres que nos abrigan.

Vito Apüshana


En las hondonadas maternas de la piel
Acurrucados en la mujer florecemos mundo…
Florecemos aliento entre la claridad y el misterio.

Vito Apüshana


lunes, 14 de enero de 2019


Quechua es mi corazón

Tengo en mi cuerpo
el canto de pájaros anunciando la lluvia, el pozo de agua en la chagra
y el hombre que pasa acariciando neblina.

Quechua es mi corazón

porque ayer la noche me llamaba, porque hoy el gris del cielo me pregunta, porque mañana seguiré cantando
sobre las cenizas.

Quechua es el viento que desparramó los hilos del tejido
en la noche misteriosa de velas y mecheros.

Quechua es el silencio de mujer
mientras piensa en la ausencia de su amado a la orilla de la tullpa... a la orilla de la tierra a la orilla de un camino.

Quechua es el rocío de la mañana y la voz de nuestros muertos.

Quechua es el corazón
que se agita entre flautas y tambores en el relincho del tiempo milenario con olor a kiñiwa y maíz tostado, donde aún decimos: nuestras manos, nuestros cuerpos, nuestra voz, nuestra música, nuestra resistencia.

Quechua es la tierra madre a quien pertenecemos,
la que abriga la placenta y nos pare al mundo,
en una minga de lucha y lunas permanentes.

Fredy Chikangana